Mastodon cumple 10 años: del «Hello world» de un estudiante al corazón del Fediverso
El 16 de marzo de 2016 Eugen Rochko publicó el primer toot de la historia. Una década después, la red sigue siendo la apuesta más sólida por un internet social que no pertenece a nadie en particular.
El 16 de marzo de 2016, a las 15:44, un estudiante de informática de la Universidad de Jena escribió dos palabras en una red social que acababa de montar en su tiempo libre: Hello world. Eugen Rochko, conocido en el Fediverso como @Gargron, no esperaba que aquello fuera a ningún sitio. Lo ha contado él mismo en varias entrevistas: era un proyecto de hobbyist, algo para curiosear con la tecnología federada.
Hoy ese toot tiene 624 impulsos y 1.075 favoritos. Y Mastodon tiene diez años.
Cómo llegamos hasta aquí
Rochko publicó el software en octubre de 2016, al terminar su carrera. La primera oleada de atención llegó ese mismo otoño, cuando el proyecto llamó la atención de la comunidad tecnológica y Rochko consiguió sus primeros mecenas en Patreon, los que le permitieron dedicarse a Mastodon a tiempo completo. Para abril de 2017 ya había más de 1.000 instancias independientes en funcionamiento.
El gran salto llegó en octubre de 2022, cuando Elon Musk completó la compra de Twitter. En los cuatro días siguientes, Mastodon registró 120.000 nuevas cuentas. El término «alternativa a Twitter» se disparó en los buscadores y, de repente, todo el mundo tenía una opinión sobre qué instancia elegir. La plataforma pasó de ser un nicho tecno-político a aparecer en la prensa generalista de medio mundo.
En 2021, Rochko ya había formalizado el proyecto como una gGmbH alemana sin ánimo de lucro, con él mismo como único empleado remunerado y único accionista. En noviembre de 2025 dio otro paso: cedió la dirección ejecutiva y transfirió la marca y los activos a la organización sin fines de lucro, quedándose como asesor de estrategia y producto. Sus propias palabras al hacerlo fueron bastante directas: demasiados ejemplos de egos fundacionales que destruyen comunidades sanas. Prefirió no ser uno más.
Los números, sin adornos
A día de hoy, Mastodon ronda los 10 millones de cuentas registradas en todo el Fediverso. Los usuarios activos mensuales son otra historia: según los datos que publica el propio proyecto, la cifra ronda los 759.000 a septiembre de 2025. Una cantidad respetable para una red sin publicidad, sin algoritmo de engagement y sin un inversor detrás empujando el crecimiento. Una cantidad pequeña comparada con Bluesky, que en el mismo periodo superaba los 19 millones de activos mensuales.
Mastodon nunca fue la red masiva que su creador soñó cuando le entró la ambición, allá por el boom de noviembre de 2016. Los efectos de red son crueles con las plataformas descentralizadas: convencer a alguien de que se mueva no es suficiente, también hace falta que encuentre ahí a sus contactos. Eso sigue sin estar resuelto.
Lo que sí está resuelto es que Mastodon existe, funciona, y lleva diez años haciéndolo sin vender datos, sin anuncios y sin que ninguna corporación pueda decidir mañana que cambia las reglas.
El Fediverso no es solo Mastodon
Una de las cosas que ha cambiado en esta década es que Mastodon ya no es sinónimo de Fediverso. El protocolo ActivityPub, que Rochko implementó en Mastodon y que es el que permite la federación entre instancias, hoy mueve también Pixelfed, PeerTube, Misskey, Akkoma, Lemmy y decenas de proyectos más. La red es más grande y más diversa que la plataforma que la popularizó.
Eso es, en realidad, exactamente lo que tenía que pasar. Un protocolo abierto no debería depender de una sola implementación. Y no depende.
Pero si hay algo que da sentido real a todo esto son las instancias pequeñas. No mastodon.social, que con sus cientos de miles de cuentas empieza a parecerse peligrosamente a lo que se quería evitar, sino la instancia de una comunidad local, la de un colectivo, la del grupo de aficionados a algo muy concreto. Ahí es donde la federación deja de ser un concepto técnico y se convierte en algo que funciona de verdad: comunidades con sus propias normas, sus propios moderadores y su propia cultura, que pueden hablar entre sí sin que nadie por encima de ellas decida qué se permite y qué no. Ninguna empresa puede comprar eso. Ningún algoritmo puede optimizarlo hasta vaciarlo. Esa es la parte del modelo que las plataformas corporativas no pueden replicar aunque quisieran.
Una red de miles de instancias pequeñas, con comunidades e identidades propias, es lo que distingue al Fediverso de cualquier red centralizada. Cada instancia aporta diversidad real: puede ser un espacio para una lengua, para una ciudad, para un colectivo. Con moderación cercana, administración accesible y autonomía real sobre sus datos y sus normas.
Si buscas una instancia donde empezar o quieres conocer las que hay activas, en nuestro directorio de instancias encontrarás servidores en español, gallego, catalán, euskera y otras lenguas, con menos de 1.000 usuarias cada uno.
Qué queda del primer toot
El «Hello world» de Gargron sigue ahí, en mastodon.social, con fecha del 16 de marzo de 2016 a las 15:44. No lo han borrado, no ha desaparecido tras una migración de base de datos, no está detrás de un muro de pago. Solo está ahí, con sus dos palabras, sus 624 impulsos y sus 1.075 favoritos acumulados a lo largo de una década.
Para una red que lleva diez años apostando por la permanencia frente a la volatilidad de las plataformas corporativas, eso no es un detalle menor. Es parte del argumento.
Feliz aniversario, mamut.